Cita

Los ojos que nunca parpadean.


Para ser sincera, cada vez me cuesta más trabajo leer, me distraigo demasiado con mis pensamientos… si a esto le sumamos que el libro que estoy leyendo me es un poco difícil de entender, el resultado es que llevo medio año tratando de acabar de leer ese libro… que por cierto es de filosofía pesimista y se llama “La Conspiración contra la Especie Humana” de Thomas Ligotti… por si gustan buscarlo. El punto de todo esto es que me sorprendió algo que pasó recientemente.

No sé si les ha pasado que mientras más ruido hay a su alrededor, más se pueden concentrar. A mi me pasó hace 2 días. Estando en una cafetería coreana, llena de niñas gritando y cantando canciones de kpop y con gente entrando y saliendo del local, me puse a leer un capítulo del libro. Por alguna extraña razón, pude concentrarme del todo y sentí en ese preciso momento lo que describían esos párrafos. Les comparto este pequeño fragmento y espero que al leerlo ustedes puedan experimentar, al menos un pequeño instante, esa sensación que provocó en mi ese relato.

“La bruma sobre un lago, la niebla en bosques espesos, la luz espejeando sobre piedras mojadas: estas vistas lo hacen todo muy fácil. Algo vive en el lago, susurra por los bosques, habita en las piedras o en la tierra que cubren. Sea lo que sea, ese algo está justo fuera de la vista, pero no fuera de la visión de los ojos que nunca parpadean. En el entorno adecuado nuestro entero ser se vuelve todo ojos que se dilatan para presenciar el encantamiento del universo. Pero en realidad, ¿tiene que ser tan obvio en su atmósfera espectral este entorno adecuado?

Pensad por ejemplo en una sala de espera llena de gente. Todo aquí parece bien anclado en la normalidad. Otros a tu alrededor hablan sosegadamente; el viejo reloj de pared barre los segundos con su fina aguja roja; las persianas de la ventana dejan pasar haces de luz del mundo exterior y los mezclan con sombras. Pero en cualquier momento y en cualquier lugar nuestros bunkers de banalidad pueden empezar a desmoronarse. Ya veis, incluso amparados en el valuarte de nuestros semejantes pueden asaltarnos miedos anormales que nos llevarían al manicomio si se los contáramos a otros. ¿Acaso acabamos de sentir una presencia que no debería estar entre nosotros? ¿Ven algo nuestros ojos en un rincón de esa sala en la que esperamos no se sabe qué?

Apenas una pequeña duda se cuela con sigilo en la mente, un hilillo de sospecha en el torrente sanguíneo, y todos esos ojos nuestros, uno a uno, se abren al mundo y ven su horror. Ninguna creencia o código jurídico te amparará entonces, ningún amigo, ningún asesor, ningún personaje señalado te salvará; ninguna puerta cerrada te protegerá; ninguna oficina privada te esconderá. Ni siquiera el brillo solar de un día de verano te permitirá refugiarte del horror. Porque el horror devora la luz y la digiere convirtiéndola en oscuridad”.

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